La doctora en Historia Medieval, Margarita Torres
Noemí F. Uemura entrevista a Margarita Torres, Profesora de Historia Medieval de la Universidad de León y Concejal de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de León. Es una entrevista dura y sincera, de esas que ya no se ven hoy en día, así que espero que la disfrutéis.
Si, sin duda. En todas las sociedades avanzadas el maestro, el profesor, es alguien respetado y valorado, aquí ese respeto, por parte de la sociedad, se ha visto socavado al restar autoridad al docente, lo que ha contribuído al empeoramiento del sistema.
¿Quid custodiet ipsos custodes? El mejor seguimiento a un profesor lo puede hacer otro docente, no quien jamás ha pisado un aula, salvo en las lecturas teóricas. Ya existen mecanismos de control, aunque no estaría de más algún tipo de “actualización obligatoria”, de reciclaje cada cierto tiempo. Sería bastante sano.
Jamás por el número de aprobados o suspensos. Esto no es una charcutería donde se rebaja el precio o la calidad de la mercancía para atraer más clientes y tener contento al Jefe. La Educación, con mayúsculas, es uno de los pilares esenciales sobre el que ha de sustentarse la sociedad. Demagogia y verborrea incendiaria barata deberían estar fuera de toda baremación o presunción de calidad. El éxito de un docente es el de sus alumnos en la vida, la forja de buenos ciudadanos, no la fabricación en serie de parados titulados pero analfabetos funcionales para satisfacer a un sistema que no ve con buenos ojos el “no” o la meritocracia.
Considero que desde el gobierno de la nación deberían existir ciertos mecanismos de control, para evitar barbaridades como enseñar que Colón es catalán o los romanos invadieron Castilla y León, por poner dos ejemplos. El buenismo y el todo vale, en Educación, contribuye al aborregamiento de la sociedad. Hemos de educar ciudadanos en plenitud si queremos construir una sociedad fuerte, sólida y válida.
Hombre, cada docente es un mundo y el gremio un universo. ¿Qué opinas de los médicos que no actualizan sus conocimientos en congresos formativos? ¿O de un economista que no sepa usar un ordenador? ¿Un contable con ábaco? Hay contenidos, o conocimientos, y…conocimientos. Me explico: Colón descubrió América en 1492. Y eso no cambia estemos en 2016 ó 2056. Si hablamos de Ciencias Naturales, o de Física o Química, por ejemplo, es más fácil que exista esa necesidad. Considero que siempre estamos hablando de Secundaria y Bachillerato, porque si aludimos a Universidad, entonces la obligación del docente es estar al día en todo momento.
No.
¿Qué opinión le merece que se acomode el calendario escolar a las festividades religiosas?
Por “religiosas” deduzco “católicas”. Pues es lo mismo que se hace en otras sociedades con las restantes religiones mayoritarias y, culturalmente, claves en la evolución de la sociedad. Nuestro modelo parte de las bases grecorromanas, y del modelo cristiano. Nosotros, desde hace siglos, festejamos Navidad. En los países musulmanes Ramadán o la Fiesta del Sacrificio, por poner dos ejemplos. Me parece más adecuado con nuestras raíces culturales e históricas celebrar la Navidad para acomodar el calendario escolar que no la exaltación de un evento autonómico, pongamos por caso y llevándolo hasta el extremo. Evidentemente existe la necesidad de partir el calendario, lo contrario sería esclavismo, y, por consiguiente, basarnos en aspectos culturales propios y ancestrales no me parece inadecuado en absoluto.
Creo que la escuela está para formar ciudadanos cabales. Ofrecer la posibilidad de estudiar religión católica, o musulmana, o judía, es igual de válido que educación para la ciudadanía, siempre que se parta del respeto y no de la imposición. Es decir: con carácter optativo y nunca troncal.
En las universidades tenemos historia de las religiones. De hecho yo imparto dicha materia e historia del Islam desde hace años, y jamás he tenido ningún problema ni con católicos, ni con protestantes, musulmanes, judíos o budistas. Si se explica con respeto y conocimiento, ninguna materia puede resultar inabordable.
Adecuado, pues representa, a pequeña escala, un equivalente de la sociedad real. Lo otro, tanto por arriba como por abajo, es crear ghettos. Lo cual no quiere decir que no sea necesario apoyo específico para obtener los mejores resultados en ambos casos.
En absoluto.
Me gusta el actual.
Creo que, para nuestra desgracia, la consideración que tienen los profesores en Finlandia nunca la tendrán mis compañeros de profesión en España. Ese es el verdadero problema: la falta de apuesta decidida por el sector educativo contando con los docentes de “infantería”, que están al pie del cañón, y no con los teóricos de “estado mayor”, que jamás han abandonado un despacho pero crear realidades virtuales de compleja aplicación. Ojalá España fuera Finlandia en ese aspecto, con independencia del número de colegios públicos o privados.
Considero adecuado el apoyo sanitario sí, imprescindible, y también la concienciación de los padres de la necesidad de dejar a los hijos en casa cuando están enfermos y no considerar que la escuela es el mejor lugar para aparcarlos durante unas horas. El docente no es un enfermero. Quizás el problema de fondo sea que en esta sociedad donde la gran mentira es la conciliación de la vida laboral y familiar, que las mujeres trabajadoras podemos afirmar que se encuentra más que en pañales en la placenta del embarazo, no nos permite poder tener tiempo para ocuparnos de los nuestros sin que ello suponga un riesgo laboral. El problema es social, no educativo por tanto.
A ver, Santa Wikipedia no es a panacea. Por supuesto que hay que conocer las nuevas tecnologías y estar al cabo de la calle, pero eso no supone descuidar el placer de la lectura o una buena grafía. Imaginémonos, por un momento, un apagón tecnológico… Y, por otra parte, como docente he de decir que, desde que cada vez se escribe menos a la vieja usanza, y más a través de redes sociales, las faltas de ortografía, errores de concordancia y fallos gramaticales se han disparado exponencialmente. Conocer las nuevas tecnologías y servirse de ellas no ha de convertirnos en ignorantes.
Si a la primera pregunta y no a la segunda. Creo que éste es otro de los grandes problemas de nuestra sociedad: los libros de texto son excesivamente caros y un gravísimo problema su adquisición para muchas familias.
MARGARITA TORRES SEVILLA
Dra. en Historia Medieval
Universidad de León
(Concejal de Cultura y Turismo, Ayuntamiento de León)
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