Desde chiquita me crié escuchando esas rimas tan graciosas cuyo significado se me escapaba en numerosas ocasiones.
Mi madre, toda ella muy capitalina, había nacido en el primer cuarto del siglo XX. Madrileña hasta la médula, y por ende castellana, estaba acostumbrada a escucharlos y a soltarlos; siempre los tenía en la punta de la lengua.
A medida que fui creciendo, empecé a imitarla. Yo comenzaba a decirlos y ella me ayudaba a terminarlos. Un día le pregunté: «Mami, ¿por qué sabes tantas adivinanzas?». No son adivinanzas, son refranes –me contestó—. Y volví a preguntar: «¿Qué son los ‘frefranes’? –ella rió a carcajada limpia porque siempre me inventaba palabras o tergiversaba las colocación de las letras.
Me hizo repetir la palabra un montón de veces y, después, me contestó que su tatarabuela ya las sabía. Habían pasado de generación en generación y formaban parte del saber popular de nuestros antepasados. Sobre el significado, me comentó que era un juego de palabras que encerraban una verdad contundente.
Me acostumbré a ellos tanto como a merendar Nocilla. En la adolescencia, parecía un papagayo repitiéndolos como el catecismo. Todavía los utilizo pese a que estén cayendo en desuso. Cuando mi madre se hizo mayor y comenzó a olvidarlos, jugábamos a la inversa: yo decía el principio y, ella, si lo recordaba, el final. Así quedó el asunto.
Ayer, al coger un catálogo del supermercado Aldi vi que estaba repleto de refranes. Me hizo muchísima gracia. Pensé: «Caray, ¡que sabio es el refranero español!». Y, heme aquí, tecleando un artículo sobre los mismos; desde luego, se lo merecen. Sin embargo, ¿comprendemos su significado y sabemos de dónde provienen? Rebuscando por el todopoderoso Internet, he encontrado numerosas entradas. He recogido un poco de cada y aquí os dejo el resultado.
Un refrán es una frase corta cuyo significado expresa un consejo útil en la vida cotidiana o simplemente resume los hechos o situaciones conocidas por el pueblo. Su origen es antiquísimo y han existido en la mayoría de culturas a lo largo del tiempo. Por tanto, podemos decir que son atemporales. Como refranes en la lengua española, datan del siglo XV y son, en parte, descendientes de las estrofas de Los Cantares de Gesta que los juglares divulgaban durante el Medievo entre la población para contar las hazañas heroicas de personajes importantes en una sociedad mayormente ágrafa.
Los primeros refranes escritos y recogidos por la tradición popular son: El libro de proverbios de Sem Tob de Carrión, El libro de los ejemplos del Conde Lucanor y Refranes que dicen la viejas junto al fuego del Marqués de Santillana.
Hay aforismos que aconsejan y otros que aseveran un hecho conocido. Aunque, en numerosas ocasiones, pueden acoplarse a los dos apartados. Sin olvidar que en cada país o incluso región de una misma nación, existen variantes.
Camera 360
Algunos ejemplos, significado y procedencia de las máximas que aconsejan:
Ejemplos y significado de los dichos que aseveran un hecho conocido:
Como este artículo es eterno, me plató con el refrán preferido de mi madre: «De Madrid al cielo y un agujerito para verlo». ¡Ojalá que vea su ciudad desde las nubes de algodón y las estrellas de fuego!
¡Feliz mayo!
©Anna Genovés
08/05/2016
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The Handsome Family – Woodpecker
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