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Una canción para Novalie. María Martinez

Una canción para Novalie. María Martinez

Autor: María Martinez  Editorial: Titania/Urano 448 páginas Novalie ha pasado los últimos cuatro años cuidando de su madre enferma, y esa terrible circunstancia la ha obligado a madurar demasiado rápido.…

Jesús, no tienen vino

Jesús, no tienen vino

Nada mejor que un versículo eficazmente sacado de contexto para zanjar una discusión o, como es el caso ahora, para comenzarla. Afortunadamente para polemistas y tahúres, frecuentadores de los argumentos…

El triunfo de la provocación

El triunfo de la provocación

  “El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos. Salvador Dalí   Si yo, paciente lector, comenzase este artículo utilizando afirmaciones tales como: probablemente el que suscribe estas…

¿Quieres ser un Riveral?

¿Quieres ser un Riveral?

A estas alturas de mi vida, hay gente que todavía me pregunta por qué me gusta tanto la poesía. A esa misma gente, suelo responder que en la poesía hallo…

Meditaciones

Meditaciones

“Apenas amanezca hazte en tu interior estas consideraciones”. Es noche cerrada cuando me levanto. Me gusta madrugar cuando nadie me lo impone, cuando es mi elección. Ni un ruido, ninguna distracción. Hasta los ratones duermen y las últimas moscas que insistían en vivir no superaron la semana pasada. Es el momento perfecto para releer estas meditaciones, antes del amanecer. “Tropezaré con algún entrometido, con algún ingrato, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta”. Así comenzaba Marco Aurelio el día, haciéndose la cuenta de lo que se iba a encontrar, pero sabiendo que, todos estos males -la ingratitud, la envidia, la insolencia, el egoísmo- les sobrevenían a los seres humanos por ignorancia. Marco Aurelio, emperador de Roma, escribía cada noche en su tienda de campaña, en el campamento de Carnuto, durante la larga y sangrienta guerra que libraba contra los germanos, a orillas del Rin, sabía que no podía enfadarse con ninguno de ellos pues él mismo participaba de su misma naturaleza, que con los hombres más deleznables compartía la misma inteligencia y chispa, pariente de todos ellos, de sus semejantes, no podía recibir afrenta de ninguno, ni ninguno mancharle con su infamia. Era el hombre más poderoso del mundo, señor de vida y muerte sobre millones de súbditos, pero sabía que nada en su naturaleza humana le diferenciaba del más mísero de sus siervos. Los dos últimos representantes de la escuela estoica fueron él, emperador, y Epicteto, esclavo. Ambos sabían que el ser humano no puede enojarse contra su pariente “ni aborrecerle, puesto que hemos sido creados para ayudarnos mutuamente, como lo hacen los pies, las manos, los párpados, los dos órdenes de dientes, el superior y el inferior”. Va saliendo el día, aunque la helada permanecerá durante la mañana. Oigo ruidos humanos por la casa, alguno ya se ha levantado. Cierro el libro, retengo en la lengua la conclusión a la que llega Marco Aurelio, pero preferiría conservarla en la memoria y grabarla en el ánimo: Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es ir contra la naturaleza. Y es tratar a alguien de adversario el hecho de indignarse o apartarse de él. Les deseo una feliz Navidad, de corazón. Salud www.oscarmprieto.com…

¿Y ahora, qué?

¿Y ahora, qué?

Cuándo el señor Rajoy dice que un país necesita un gobierno estable, ¿a qué se está refiriendo exactamente? Cuando todos los periodistas, comentaristas, especialistas y tertulianos de los Medios de…

La culpa no fue del árbitro

Sí, es verdad. Este fin de semana, el Barcelona se ha proclamado campeón del mundo en Japón, en un torneo que para unos será poco más que una barbacoa de…

No escribas, el mundo te pasa por encima

No escribas, el mundo te pasa por encima

Desde siempre, se trata de teorizar sobre el porqué se escribe. Se escribe por necesidad espiritual, intelectual, comercial, o quizás el simple acto vanidoso de ser ante alguien. Se dice…