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EL FIN ES MI PRINCIPIO

Por Guillermo Martínez , 7 enero, 2015

Tiziano Terzani (Florencia, 1938 – Orsigna, 2004) es el autor de El fin es mi principio, una obra escrita mediante un diálogo con su hijo Folco. Tiziano nació en una familia humilde y mediante una beca se pudo licenciar en Derecho en la prestigiosa Escuela Normale de Pisa (1961). Después se fue seis mesas a Inglaterra a cursar un máster. Su primer trabajo tuvo lugar en la empresa Olivetti que le ofreció la oportunidad de viajar a Japón y Sudáfrica. Aquí, en el sur de África se empapa de la cultura y se sensibiliza con el apartheid teniéndolo como tema principal en sus primeros escritos que se empiezan a publicar en la revista italiana Astrolabio. Un cazatalentos americano le recluta para estudiar en la Universidad de Columbia cualquier materia que él eligiera. Su elección fue la sinología (lengua, historia y cultura chinas) en la que se fascina por el maoísmo y su poca vinculación con occidente. Más tarde empieza a trabajar para Der Spiegel como corresponsal de guerra. Su primer destino fue Singapur (1971). Con esta etiqueta viaja por todo Singapur, Pekín, Tokio, Hong Kong, Bangkok y Nueva Delhi. En 1984 es expulsado de Pekín por escribir unos artículos considerados demasiado críticos por el gobierno chino contra la Revolución Cultural. Ha publicado diversos libros con sus experiencias, como en la guerra de Vietnam La liberación de Saigón (1976), en China Porta Proibita (1984) y con referencia a la profecía de un adivino de Hong Kong escribe Un indovino me disse (1995) contando como en 1993 no tomó aviones por la ya nombrada profecía. Al final fallece en el país que le vio nacer, en la ciudad de Orsigna, en la que veraneaba desde su infancia. El fin es mi principio se publicó de forma póstuma en 2006.

 

Un diálogo trascendente en nuestro pensamiento es lo que se nos presenta al abrir este libro. ¡Hay tantas cosas que contar de él! Estamos frente a la conversación de un hombre con otro hombre, de una persona que va a dejar su cuerpo y otra persona que intenta comprenderlo. Es una experiencia que nunca antes había experimentado. Un recorrido a lo largo de una vida, de muchas guerras, de cientos de viajes y de una familia que está junta hasta el final. “El cuerpo lo hemos convertido en una obsesión”, nos dice Tiziano en las primeras páginas, y lo más curioso es que el libro, al final, también trata el mismo tema. “Nosotros no somos el cuerpo” es otra de las ideas que nos intenta explicar. Un hombre que en su lecho de muerte no tiene miedo a la propia muerte. En el viaje cronológico al que nos enfrentamos al leer El fin es mi principio pasamos desde la infancia más humilde y las dudas con uno mismo hasta las guerras más sangrientas de la humanidad. Bueno, humanidad… Un periodista que se codea con los más grandes llega a decir que el poder siempre le resultó ajeno. ¡Qué gran libertad de expresión y de vida la de este hombre! Terzani ha intentado educar a sus hijos de una forma diferente, sin tener como fin conseguir un trabajo y ganar más que el de al lado, él quería que sus hijos fueran buenas personas, que saben, pero que sobre todo conocen. La idea de la superación del miedo, del esfuerzo, del sacrificio con su debida recompensa está presente en cada palabra del libro. “Los intelectuales están hechos para complicar lo sencillo; los periodistas, para simplificar lo complicado”, nos dice. Y qué razón lleva, la verdad. Aunque la duda de si un periodista se puede considerar intelectual siempre estará ahí. Un aspecto de su filosofía es que la vida se repite, todo lo que haces hoy ya lo has hecho; “si tienes ocasión de no repetirte, aprovéchala”. Nos habla de sus compañeros de viaje, que han sido muchos, y tan solo habla de libros. Todo está en ellos. Vemos que un hombre sueña con cambiar el mundo, con no ser partícipe de la sociedad del consumismo devastador, en definitiva, vemos un hombre que lucha por mejorarse él mismo y que haciendo eso mejora todo lo que le rodea. La fascinación por la cultura China, sus habitantes, su política se viene abajo al estar cerca de quien controla todo. Su último resquicio de admiración estaba en la India. Ya no creía en las revoluciones, como atestigua su cita: “de ahí mi paso hacia la única revolución útil, la que tiene lugar dentro de ti, de tu interior”. Aunque él, en sus viajes, no solo se fijaba en los tipos de edificaciones, en el pasado de esa sociedad, en el futuro de la civilización nueva en la que se encontraba, sino también en los hombres y mujeres que pasaban a su lado todos los días. De ahí surge su conclusión de que las sociedades y las civilizaciones también se valoran por el hombre que producen. Nuevas culturas, nuevas preguntas que formular, nuevas respuestas que encontrar. “El viaje es el destino”, como él dice, y es que en el destino, cuando llegamos, ya no quedan respuestas que encontrar, ni preguntas que formular. Su crítica al capitalismo atroz y el consumismo desmesurado que inunda cada vez más la sociedad, incluso aquellas en las que se ha hecho una defensa a ultranza para que no entrara en sus fronteras, está ahogando la libertad real, tan sólo ofreciéndonos la libertad absoluta que conduce al capitalismo, a la acumulación. “La verdad está detrás de los hechos”, nos cuenta, pero, ¿cómo hay que ver esos hechos para que no tapen la verdad? La humildad en sus palabras, en sus actos se condensa al decir que “lo que un padre quiere para sus hijos puede ser una carga muy pesada”. Yo me pregunto si algún día sabré educar a mis hijos, si los tengo, pero también tengo la certeza de que serán lo que ellos quieran, porque sabrán pensar, sabrán distinguir, sabrán elegir sin ningún peso sobre ellos. Tiziano Terzani, deja un cuerpo, deja una vida y empieza otra sin saber dónde, ni cómo, ni cuándo será. Tiziano Terzani nos ha enseñado que cuando se termina algo muy grande puede empezar algo mayor. Sólo hay que cerrar el círculo.

Citas del libro:

“Creemos ser todas las cosas que nos preocupa perder al morir.”

“La materia delas materias era el hombre, y la materia de las materias era la sociedad.”

“Porque para poder encontrar hay que saber.”

“Uno da la libertad por descontada.”

“No hay nada que impresione más que el lenguaje de la verdad.”

“La enfermedad es también siempre una medicina.”

“(…) porque el pasado siempre me ha parecido la única certeza.”

“Porque me parecía que tan sólo la poesía puede darnos una inyección de esperanza.”

“La verdadera comprensión es la que va más allá de la razón y se basa en el instinto, en el corazón.”

“Si apagas la televisión, ganas la libertad.”

“El conocimiento es nuestra mayor limitación.”

 

 

 

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