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Estoy muy entretenido

Por José Luis Muñoz , 8 marzo, 2026

Esta frase, o una muy parecida, la dijo días atrás Donald Trump, ese personaje de novela negra, o de ciencia ficción, que va haciendo chistes y sonriendo mientras asesina. El presunto pederasta y el genocida en busca y captura se han aliado para declarar el caos mundial y exigen a sus comparsas que le sigan en esa gira sangrienta hacia el abismo. El guion de esta comedia siniestra es calcadito al de la guerra de Irak, pero menos creíble aún. Falta el Trío de las Azores, pero ahí esta José María Aznar, que vuelve a hablar en texmex, o quizá corran por sus venas litros de Rioja, que da lecciones a Pedro Sánchez de cómo debe lustrar los zapatos al inquilino de la Casa Blanca, ese pirado a la altura de Milei pero mucho más peligroso que él porque juega a la guerra con bombas de verdad y el argentino tiene una motosierra de pacotilla. Preocupante que al frente de países no haya personas normales sino tipos que deberían estar encerrados en un frenopático, síntoma de lo enloquecida que está la sociedad. Lo de seguir el guion de la guerra de Irak demuestra la falta de inventiva de la actual administración que ocupa la Casa Blanca en donde hay un cubano que quiere invadir Cuba y un secretario de Defensa, que ahora es de la Guerra, con cara de asesino en serie que habla de muerte silenciosa cuando se refiere a los ochenta marinos iraníes que se han ido al fondo del mar por el torpedo de un submarino. Las armas de destrucción masiva de Irak aquí son el arsenal nuclear que no tiene precisamente Irán y por eso la allanan a bombazos, el peligro inminente que según el bocazas presidente de la primera potencia había destruido totalmente en un bombardeo anterior al asesinato de toda la cúpula de los ayatolás, otra banda siniestra de desalmados que deben de arder en el infierno. Lo malo de los mentirosos como Donald Trump es que pierden la memoria, y por ahí siempre se les coge. Siguiendo el guion de la invasión de Irak, el presidente de Estados Unidos se ha reunido con unos cuantos pastores evangélicos, la secta que aplica a pie juntillas el Antiguo Testamento, defiende a Israel haga lo que haga y no considera que el asesinato masivo de niños ni que la pederastia sean graves pecados, y se ha puesto a rezar con ellos, en trance, en el Despacho Oval (Bush hijo, el ex dipsómano, rezaba en petit comité con todo su gabinete antes de mandar al otro barrio a cuatrocientos mil iraquíes y desencadenar el terrorismo global). Nadie, salvo el genocida en busca y captura, el carnicero de Gaza, sabe exactamente lo que se pretende en Irán, no lo sabe el presunto pederasta que en su demencia dice querer elegir al próximo ayatolá o coronarse él. Nos tememos que el aspirante a Premio Nobel de la Paz va como perrito de la mano del amo del Gran Israel que aspira a reinar en todo Oriente Medio arrasándolo todo a sangre y fuego con el Antiguo Testamento en mano, porque aquí todos son muy religiosos y rezan mientras matan en esta cruzada 930 años después de la primera. Todo esto daría mucha risa, todo sería una payasada televisiva de dudoso gusto si esta broma siniestra no nos estuviera afectando ya a la cartera y a muchos miles de seres humanos a su propia vida. Vivimos este 2026 a sobresalto diario y lo único bueno es que ni Aznar, ni Feijóo, ni Abascal, ni Ayuso gobiernan España, sino que lo hace un Pedro Sánchez que acaba de resucitar el No a la guerra y se lo planta en los morros a ese matón de taberna maleducado que va de gracioso.  El mundo enloqueció en un clic y soy muy pesimista en que vuelva la cordura.

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