Las cláusulas que nos roban la vida
Por Raquel Ortiz Bolfán , 23 marzo, 2026

¿Sabéis cuál es la cláusula invisible que nos roba la vida? Las que se encuentran en el «Contrato de Adhesión».
En el derecho, un contrato de adhesión es aquel en el que una parte establece las reglas y la otra solo puede aceptarlas o rechazarlas. Sin embargo, nadie nos advirtió que el contrato más importante lo firmamos al nacer, sin poder leer la letra pequeña y con una huella dactilar en desarrollo. Aceptamos condiciones escritas por el sistema, como la herencia familiar o la presión del éxito.
Nos ajustamos a horarios que no elegimos y a ambiciones que no son nuestras. Adoptamos una identidad que con el tiempo nos aprieta como un traje que nunca fue de nuestra talla. La pregunta que nos tendríamos que hacer es ¿podemos impugnar las cláusulas de nuestra existencia. Y aquí voy a enumerar unas cuantas…
1a Cláusula: «El peaje»
Toda nuestra vida nos están enseñando a esperar. Esperar al recreo, a graduarnos, a los viernes, a casarnos, a tener hijos, a tener un buen trabajo y a jubilarnos. Nos hacen creer que la vida comienza después de cumplir con nuestras obligaciones. Pero en esta gran sala de espera, vamos dejando pedacitos de nuestra esencia. Intercambiamos nuestra curiosidad por la seguridad de un salario, una estabilidad emocional por una infelicidad amorosa, una libertad individual por una soledad silenciosa. Y por tanto, el brillo de nuestros ojos se convierte en el reflejo azul de una pantalla que nos dice quiénes debemos ser.
2a Cláusula: El «autoengaño»
Lo más doloroso de todo este circo no es lo que el sistema nos quita, sino lo que nosotros mismos entregamos para no destacar. Silenciamos nuestra voz interna que nos dice que algo no está bien. Nos convertimos en los carceleros de nuestros propios sueños. Dar un paso al lado puede dar miedo, pero seguir avanzando hacia donde no queremos es una forma sutil de soledad.
3a Cláusula: «El robo»
¿Os habéis preguntado en cuántos de estos contratos sería posible la anulación por problemas en el consentimiento? Nuestra vida está llena de estos problemas. ¿Firmaríamos para vivir siempre tensionados por una urgencia que no nos pertenece? Nos han robado nuestro presente, vendiéndonos un futuro que siempre es una promesa y nunca una realidad. El contrato nos exige estar físicamente en todas partes, excepto en nosotros mismos.
¡Pero cuidado!, para tener la verdadera libertad no debemos quemar ese contrato, sino darnos cuenta de que la firma fue hecha con lápiz. No somos deudores de un sistema que nos mantiene anestesiados; somos los dueños de nuestra incertidumbre. Reclamar el derecho a la duda y al silencio no es rebeldía; es cordura en un mundo que nos exige ser personajes antes que personas. Quizás es hora de dejar de cumplir las cláusulas de otros y empezar a escribir nuestra vida con nuestra propia mano. El contrato más importante es el que renovamos cada mañana con nosotros mismos frente al espejo. Y en este, siempre tenemos la ÚLTIMA PALABRA.
—No importa, claro, quise decir. —Dijo apresuradamente el Rey, y siguió diciendo para si en voz baja:
—Importa… no importa… importa… no importa… —como si probara que palabra le sonaba mejor.
«Alicia en el país de las maravillas». Lewis Carroll
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