Los dos jinetes del Apocalipsis
Por José Luis Muñoz , 3 marzo, 2026
Cuando algunos dijimos que el espantoso genocidio de Gaza, que sigue perpetrándose a día de hoy (no hay cosa peor que el dejar de ser noticia), era un globo sonda para calibrar la capacidad de respuesta del mal llamado mundo civilizado del que formamos parte —nada, ni siquiera un comunicado condenatorio—, no nos equivocábamos. Después de Gaza vino Venezuela, el secuestro de su presidente tras un bombardeo previo que dejó numerosas víctimas, con la excusa de ese supuesto Cartel de los Soles que finalmente dijeron, los mismos que le acusaban de ser su jefe, que no existía y que lo único que querían no era llevar la democracia a Venezuela, que nada les importaba, sino controlar el petróleo del primer productor mundial, apropiárselo como expertos piratas. Las cosas las deja siempre bien claras Donald Trump, y esa, su sinceridad, parece ser la única virtud de ese megalómano pederasta instalado en la Casa Blanca. Y tras el genocidio de Gaza, la operación en Venezuela y el estrangulamiento de Cuba, viene el ataque unilateral de Israel y Estados Unidos a Irán, con el asesinato del ayatolá supremo y buena parte de la cúpula militar, en una nueva violación del derecho internacional del tándem Trump / Netanyahu sin importarles el caos mundial que va a desatar esa acción unilateral injustificada. A la proverbial sed de petróleo de la potencia americana, se une el sueño cumplido por Israel de deshacerse de su rival ancestral, y eso en plenas negociaciones trampa para terminar con su programa nuclear.
La negociación no era otra cosa que una gigantesca pantomima. Mientras se sentaban en la mesa ya preparaban el ataque y el asesinato del ayatolá Alí Jameneí —un criminal despreciable, dicho sea de paso—, liquidado por dos expertos capos. El mundo está funcionando con las mismas reglas de la mafia. Poco le importa al tándem apocalíptico los derechos de las mujeres: han asesinado a ciento ochenta niñas de un colegio, una minucia al lado de los más de veinte mil borrados del mapa en Gaza. Daños colaterales, por supuesto. Irán es atacado, precisamente, por no haber podido desarrollar el arma nuclear y porque no tiene capacidad de respuesta suficiente ante unos adversarios con una superioridad militar apabullante. El papel de Europa ante todo ese caos desatado es, como siempre, vergonzoso: pide contención al país agredido en vez de condenar al agresor. La sumisión europea ante el emperador naranja se ha convertido en algo habitual.
El rediseño de Oriente Medio ad hoc de Israel, que es de lo que se trata, ya tuvo varios actores antes que Trump, y ahí están las cabezas en la picota de Sadam Husein y Muammar Gaddafi, los dos sátrapas carismáticos y sanguinarios que fueron eliminados. Con la firma de los tratados de Abraham, los que ayer eran enemigos, ahora son aliados. Netanyahu, como Hitler, no solo copia al líder nazi en el exterminio de los palestinos, sino que sueña con expandir el gran Israel mucho más allá de sus actuales fronteras. Con su ataque masivo a Irán, el tándem apocalíptico ya pone sus zarpas en Asia y se aproxima a China. El último objetivo es el gigante asiático, contra el que Trump, o sus sucesores, inevitablemente van a chocar en lo que posiblemente será la última guerra mundial, porque ya no quedará nadie para contarlo.
Y así va rodando el mundo, en plena distopía orwelliana con un presidente, el nuestro, del que hay que sentirse orgulloso, el único que ha tenido agallas para condenar sin subterfugios este nuevo acto de bandolerismo que aplauden los Feijóo y Abascal de turno que no han sacado ninguna enseñanza de lo que nos supuso alinearnos en la ilegal invasión de Irak.
El mundo se nos está derrumbando ante nuestros ojos, nos estamos dando cuenta y no sabemos cómo evitarlo.
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