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Pensiones: una historia mal contada

Por Agustín Ramírez , 25 agosto, 2021

El Consejo de Ministros va a llevar al Congreso de los Diputados una primera reforma del Sistema de Pensiones consistente, de manera resumida, en la derogación del Índice de Sostenibilidad impuesto por el Partido Popular, en la vinculación del incremento de las pensiones a la subida del IPC, en quitar de la Caja de la Seguridad Social elementos que no se corresponden y en modificaciones en cuanto a las jubilaciones anticipadas y la prolongación de las vidas laborales; además, hay otras reformas previstas que se dejan para negociar a partir de ahora y que, aparentemente, son la parte más dura de las reformas que, dicen, exige Bruselas a cambio de enviar dinero para la recuperación económica tras el desastre económico que ha originado la pandemia de la Covid-19.

Me parecen bien, y de justicia, el vincular las pensiones al IPC y derogar la aplicación del Índice de Sostenibilidad, el resto son brindis al sol.

Se parte de una base intencionadamente errónea: quienes trabajan pagan las pensiones de los jubilados, cuando no hay suficientes trabajadores para cubrir las pensiones hay un problema gordo que se debe resolver reduciendo las pensiones y aumentando el empleo.

Vayamos por partes: la Seguridad Social forma parte del Estado y como tal puede tener resultados positivos o negativos según las diferencias entre ingresos y gastos pero ¿por qué la diferencia no puede ser cubierta por los Impuestos?, ¿qué más da un presupuesto que otro, si ambos consolidan para el déficit acumulado? Pero es que hay cosas de las que no hay que hablar para que no se sepan y mantener a la ciudadanía en otras nubes.

Alguien debería explicar alto y claro ¿por qué a la Seguridad Social se tributa por Bases de Cotización y no por salarios reales?; ¿Por qué a la Seguridad Social no se paga como en el IRPF, por el salario real?, ¿por qué al calcular la pensión resultante cuando alguien se jubila, la pensión máxima está limitada y no se puede cobrar lo que correspondería sino lo que se ha establecido? De estas cuestiones nunca oigo hablar a nadie, en todo caso dicen que eso implicaría un incremento de impuestos y ¡horror, anatema!, eso es destapar la caja de los truenos.

En este apartado de impuestos, ¿se va a plantear una revisión a fondo de las deducciones del Impuesto de Sociedades que permiten que haya empresas que debiendo tributar al 25%, tras las deducciones y créditos fiscales, su porcentaje de impuesto pagado sea inferior al 10%?

Otra cosa que me sorprende, para mal por supuesto, es la hipocresía de la clase empresarial y política: la salida de la crisis financiera fue a costa de rebajar los salarios, hacer que los empleos fueran más precarios y temporales y fomentar la contratación de trabajadores como autónomos; todo esto ¿qué efectos tiene respecto de la Seguridad Social?, sencillamente que los ingresos caen en picado y aunque aumente el número de cotizantes, la recaudación no se incrementa; pues bien, ellos (empresarios y sectores gubernamentales) siguen defendiendo el mismo modelo de recaudación de la Seguridad Social, y como no es suficiente, se debe de recortar en las futuras pensiones a pagar. Alguien bien nacido creerá que nuestros hijos tendrán pensión pública algún día, me pregunto y además de que la respuesta es no, todavía tenemos que escuchar a algún iluminado que nos hable del ahorro para invertir en un Plan de Pensiones Privado.

Y siguiendo con los ingresos públicos vuelvo a otro tema vergonzante y que los gobiernos, del color que sean, no quieren ni tocar. ¿Para cuándo una auditoría de los dineros públicos? ¿Para cuándo una auditoría de los puestos de trabajo, salarios, asesores y retribuciones en todas las administraciones, comenzando por la Presidencia de Gobierno y terminando por el municipio y/o Junta Vecinal más humilde? Seguro que hay cargos, asesores y enchufados en demasía, tanto en cantidad como en volumen de retribuciones. ¿Para cuándo una auditoría de subvenciones y chiringuitos, no hace falta ser más explícitos?

Pues bien, si las medidas anteriores se pusieran en marcha, también arrancaría un espíritu regeneracionista que demostrase que se quieren resolver problemas y se tendría la autoridad moral, “autoritas”, de la que hoy y ahora la clase política, en su inmensa mayoría carece, como lo demuestra que sigan existiendo “las colas del hambre” y que sea la sociedad civil la que las atiende ante la ausencia de los poderes públicos en este tema; éstos ya cobran con generosidad.

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