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Revolución

Por Oscar M. Prieto , 10 marzo, 2014

 

La puta crisis y sus hermanos navajeros los recortes, se han convertido en los cabezas de turcos perfectos para cargar con todas las culpas y justificar cualquier asalto y tropelía de la clase gobernante. Sin embargo, la desaparición primero del Latín, luego de la Filosofía y ahora de la Música, de los planes de estudio, así como el afán de convertir en residual todo aquello que tenga que ver con una formación humanista –Historia, Literatura, Arte- que ha caracterizado a los gobiernos de distinto color y condición,  nada tiene que ver con la crisis, con la crisis económica, me refiero. Se trata más bien de una estrategia, que incluso temo que sea inconsciente –pues de otra manera exigiría de cabezas pensantes y dudo que haya alguna de éstas entre éstos-, que persigue privar al individuo de aquellos vínculos con la humanidad, puentes con el pasado, con los logros artísticos y con las mentes más preclaras, herencia a la que todos tenemos derecho y que nos permite comprendernos mejor a nosotros mismos, a nuestros semejantes y el mundo en el que vivimos.

Esta, comprendernos mejor, es la gran riqueza del legado cultural que poco a poco va desapareciendo de la vida cotidiana y también de escuelas y de universidades. Porque es más fácil controlar a un individuo aislado, despojado de la brújula de los conocimientos que le permitirían conocer su lugar en el mundo; es más sencillo gobernar una sociedad de individuos aislados, ignorantes de su condición, del patrimonio espiritual que deberían recibir y a su vez transmitir a sus descendientes; es, definitivamente, menos exigente para los dirigentes, satisfacer las demandas de una sociedad que, habiendo sido privada de una verdadera educación, vive convencida de que el único patrimonio existente es el material.

“Virtud y Filosofía/ peregrinan como ciegos/ el uno se lleva al otro/ llorando van y pidiendo” se lamentaba el genio de Lope de Vega.

Ya que no podemos esperar nada desde lo institucional –enemigos declarados o soterrados de la cultura, entendiendo por cultura todo aquello que nos hace mejores, que nos hace crecer- hagámoslo nosotros mismos, sí, una revolución. Salgamos a la calle a leer, discutamos en los cafés sobre Blas de Lezo (“Todo buen español debería orinar siempre mirando hacia Inglaterra”), o sobre el “argumento de la apuesta” de Pascal. Pongamos de moda la cultura. Dejemos a un lado la ropa vintage y las barbas y pongamos de moda los museos, escuchar a Bach y las Meditaciones de Marco Aurelio. Que la cultura sea lo más guay, lo verdaderamente último, lo más fashion, lo más moderno. Pero ojo con esto, no acabemos poniendo batería a Mozart o El Quijote en cómic.

Toda revolución comienza por uno mismo, utilicemos todas las armas que tengamos a nuestro alcance. En la puerta de mi despacho, tengo colgada esta cita de John Waters: “Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles”.Puede ser un comienzo. Todos ganaremos.

Nada hay más revolucionario que un ser humano que piensa e intenta comprenderse así mismo y a sus semejantes.

Salud

www.oscarmprieto.com

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