Tanto odio me hiela el corazón
Por José Luis Muñoz , 27 septiembre, 2026
Estoy perplejo por lo que sale de las entrañas de esa España que me hiela el corazón y que cada vez parece más asalvajada y envalentonada en su desenfreno. Y me centro en el caso Maricarmen, la anciana de 87 años que, después de vivir toda su vida en su vivienda, ha sido expulsada de ella por dos jóvenes especuladores, que pienso que ya se arrepienten de la decisión tomada, una jueza que aplica la ley con la cabeza fría y sin empatizar con la afectada (que la sustituyan por una IA y nos sale más barata) y unos policías cuya brutal actuación contra ciudadanos indefensos y pacíficos ha quedado bien de manifiesto y nos hace preguntarnos que si estas son las fuerzas de seguridad que actúan a las órdenes de un gobierno progresista, cómo serán las que lo hagan bajo un hipotético gobierno (Dios no lo quiera, así, con mayúsculas) del PPVOX.
De inmediato, a la velocidad de la luz, ha calado en las redes el mensaje de odio contra la víctima, contra esa anciana desahuciada por un par de buitres jovenzuelos que de la noche a la mañana le quintuplicaban la renta de su casa, y lo han hecho de tal manera (porque lo saben hacer los odiadores profesionales de esta España cainita que ya lo hicieron con Pablo Iglesias e Irene Montero y ahora se ceban con Pedro Sánchez y Begoña Gómez, deshumanizándolos) que ya temo por la seguridad de esa pobre anciana si sale del hospital y pasea por las calles de Madrid, porque los linchadores están por todas partes. Mensajes, compartidos en la taberna de las redes sociales en donde se insulta con total impunidad, que tachan a la tal Maricarmen de todo, de irresponsable, de ser funcionaria, de no haber ahorrado para poderse comprar el piso, de tener una pensión de 1300 euros, de caradura por pagar durante tantos años esa renta tan baja en un barrio que no se merecía (ella también es responsable de la revalorización de su zona), incluso, en ese mensaje replicado por miles en las redes con el título de “Maricarmen no me da pena”, se le invita a ejercer la eutanasia.
Hay mucho miserable suelto por el mundo, cabe recordarlo, que en vez de solidarizarse con una mujer vulnerable que pierde su casa, sus amigos, sus tiendas de barrio, su farmacia, su médico de cabecera, por unos especuladores a los que la vida de esa mujer les importa una mierda, se ponen al lado del verdugo y no de la víctima, y seguro, y eso es lo más paradójico, que algunos de ellos tendrán algún familiar o amigo al borde del desahucio por esa política criminal de la vivienda que el gobierno del PSOE + Sumar no ha sido capaz de revertir en ocho años y que ha convertido nuestras ciudades en zonas invadidas por turistas que desplazan a sus ciudadanos a la periferia. Estos odiadores que se suman al carro de los insultos contra Maricarmen y lo que representa, que la deben tildar de roja cuando no han oído que ella se queja directamente de la inacción de Pedro Sánchez (y de Almeida y Ayuso, por supuesto), me recuerdan a un hispano devoto de Trump que lo votaba a pesar de saber que iba a expulsar a su madre en situación ilegal del país o a los nietos de los 7291 ancianos abandonados a su suerte por Ayuso que habrán votado al PP y a los valencianos que, a pesar de la DANA, seguirán votando a esa banda de impresentables. Dada la rabia de los que atacan a Maricarmen por tierra, mar y aire, da la sensación de que deben ser grandes tenedores de viviendas o que invierten su dinero en fondos buitres, porque en su lista de agravios contra la pensionista ni nombran la especulación que existe con la vivienda en todo el país. Alguna escritora, como Lucía Etxevarria, se ha subido al carro de los críticos con Maricarmen y su forma vida “privilegiada” e “irresponsable”, y también ha sido linchada en las redes, a lo que yo no me sumo y condeno. Es que últimamente los seguidores de Lynch, no del creador de Twin Peaks, salen a patadas a derecha, pero también a izquierda, y al paso que vamos llegaremos a las manos porque estamos muy crispados.
No es nada nuevo esta marejada de odios que pasa y crece. Hace unos meses colgué por aquí un artículo clarificador sobre el lumpenproletariado que, en tiempos de Carlos Marx era minoritario, pero ahora se está haciendo mayoritario y, en parte, por culpa de una izquierda que no le da soluciones (y la derecha menos: la Argentina de Milei sirva como ilustración del desastre). Quizá sea inherente a la condición humana ser un miserable y un desalmado, lo llevemos todos en nuestro ADN. Lo vimos hasta en los campos de exterminio con los kapos judíos que los nazis utilizaban para su trabajo sucio (conducir al matadero a los suyos) hasta que ellos mismos acabaron bajo la cuchilla del matarife cuando dejaron de llegar trenes porque ya no quedaba nadie a quien asesinar y no servían para nada.
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