Ya se ha producido la investidura de Pedro Sánchez y ahora toca gobernar. La situación no es sencilla, los compromisos, bastantes y con varios partidos de diferentes ideologías. Hay que pasar de las palabras a los hechos y sabiendo que aunque la esperanza es mucha, la dificultad es aún mayor.
La violencia en las calles durante la investidura retrata el papel, nefasto desde todos los puntos de vista, que representa Vox. En las calles se convocaban manifestaciones, inicialmente tranquilas hasta que Vox se hacía con las riendas –muchas veces alentadas con la presencia de sus dirigentes, que hasta llegaron a salir del hemiciclo para felicitarles- y la bronca y los insultos dominaban la situación hasta la intervención de la policía. No es necesario detallar el cúmulo de barbaridades y mentiras que lanzaban con sus exabruptos, todos las hemos visto y oído, y esta situación representaba: la soledad de sus gentes y la toxicidad de sus ideas. Los ciudadanos, además, no olvidan lo que está significando la presencia de Vox en los gobiernos de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas.
El Partido Popular se volcó en Vox para conseguir poder territorial, olvidándose, incluso, de aquello de la lista más votada, y ello le ha supuesto que en el Congreso nadie haya querido negociar, ni hablar con ellos.
La soledad de la lista más votada. La victoria del derrotado.
Ahora Vox es una rémora para el Partido Popular porque sin ellos no hay poder territorial pero con ellos no hay gobierno nacional. Al punto de que leer a Machado o escuchar a Aute, Krahe o Sabina, no es suficiente.
El PP ha permitido con su soledad que Pedro Sánchez pueda articular una mayoría de investidura; ahora bien, la legislatura será un camino de espinas bajo el nubarrón de la Ley de Amnistía y con el obstáculo de partidos nacionalistas poco proclives a medidas de carácter social. Ya veremos cómo se consiguen los apoyos suficientes para lograr determinados objetivos señalados en el debate, tales como, y cito a modo de ejemplo:
Dentro de la mayoría de la investidura hay fuerzas que chocan entre sí respecto de la aprobación de determinadas “medidas sociales”, arriba solo hemos seleccionado algunas, y de otra parte la tramitación de la ley de amnistía va a ser un calvario por el filibusterismo parlamentario que implanta el Partido Popular con su mayoría absoluta en el Senado; por los recursos judiciales que, sin parar, van a enseñar la separación de poderes a más de un charlatán, y, todo ello con el calentamiento previo de las manifestaciones en contra y sus correspondientes concentraciones de todos los sectores corporativos afectados y el calentamiento posterior de las convocatorias semanales del Partido Popular. Agréguese a todo ello el conflicto moral que puede suponer, no solo aceptar la amnistía en aras de valores de convivencia, sino también con los principios y valores morales de cada persona, ¿puede ser igual el resultado y el tratamiento para quienes han pasado algunos años en la cárcel que para quienes han estado huidos? En mi personal opinión, hubo fuga, no exilio. La tarea no es sencilla, sino todo lo contrario y la legislatura tiene el peligro de no llegar a término.
Esta situación revela dos cosas: una primera y muy simple, lo del “golpe de estado”, el “acabar con la separación de poderes” y gritos semejantes solo son una señal de rabia y de ignorancia, los textos de varias pancartas así lo demuestran; la segunda “la constitución mata la nación”, “rip spanish democracy 1978-2023” y ya hoy “consumado el golpe estalla la revuelta”, como en la primera, otra señal de rabia y de ignorancia, además de una terrible impotencia.
Por cierto y para terminar: la negativa durante más de cinco años a renovar el Consejo General del Poder Judicial ¿Cómo encaja en este desvarío anticonstitucional?
Diego Pablo Simeone ha trasladado a la política su teoría: ley a ley y presupuesto a presupuesto. Y hasta donde aguante el cuerpo…parlamentario.
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