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Yo. Soy. Super.

Por Juan F. Trillo , 8 mayo, 2021

 

Por Juan F. Trillo

He observado que adolecemos de una lamentable falta de imaginación en lo que a superpoderes se refiere. Y lo digo porque el otro día estaba viendo la serie Jupiter’s Legacy, recientemente estrenada en Netflix que va de otro grupo de superhéroes que se enfrentan a sus propios demonios interiores (que es lo que ahora se lleva), además de a los supervillanos de turno.

 Pues bien, todos ellos lucían la habitual panoplia de superpoderes, que vienen a ser los mismos que tienen los de la competencia, véase los muchachos y muchachas de capa y lycra de los universos Marvel o DC. Que son –y esto es lo triste- los que elegiría un chaval de siete años: superfuerza, volar, lanzar rayos de colores, y poco más. Alguno había que se salía un poco de la norma, pero en general por ahí iba la cosa.

Y no deja de sorprenderme, repito, que seamos tan poco creativos. Reconozco que la necesidad de dar espectáculo condiciona bastante. Por ejemplo, la invisibilidad, que es un superpoder estupendo, pues luego en la pantalla no resulta, porque cuando el super en cuestión se vuelve invisible, deja de verse. 

 Pero, en serio, hay mucho donde elegir, sobre todo si queremos ser unos super socialmente responsables, una virtud que a todos héroes se les supone. Ahí va alguna sugerencia: supersanación. Ya sé; es más molón levantar una locomotora con una mano que curarle a alguien la gripe. Pero, pensémoslo por un momento. En los tiempos que estamos viviendo, alguien que curase a las multitudes podría convertirse de la noche a la mañana en un auténtico crack. Podría ir de gira por el mundo, curando a los contagiados de Covid-19  (¡ese supervillano repugnante!) y en todas partes lo recibirían como a una fucking rock-star! 

 Podríamos luchar contra el Hambre en el Mundo, con la superduplicación. Duplicaríamos los alimentos, hasta que hubiese suficiente para todos. Este es un superpoder que no ha vuelto a utilizarse desde que el bueno de Jesús de Nazaret (y les recuerdo que fue de los primeros en usar capa), lo puso en práctica allá en Canaán. Y no entiendo por qué, la verdad. 

 En fin, hay mucho donde elegir a poco que pensemos. Personalmente, tengo unos cuantos superpoderes en mente por si en algún momento alguien me ofrece esta posibilidad, que cosas más raras se han visto. He aquí una muestra: la super capacidad de hacer que la gente se sienta bien cuando se encuentra en mi entorno, digamos en un kilómetro a la redonda. Yo lo llamo el Super Buen Rollo. La gente entraría en mi radio de acción y, de repente, empezaría a sentirse como muy cool. Sonaría una suave música de fondo, chill out o tal vez jazz (es mi superpoder, ¿vale? Yo elijo la música). La gente se sentaría a tomar un expresso o un combinado. O una cerveza, si no queda más remedio. Y charlarían entre ellos relajadamente, o bien contemplarían las formas de las nubes al atardecer o el efecto del viento sobre las hojas de los árboles. La gente caería en la cuenta de que los problemas que les preocupan (invadir Afganistán, manipular la bolsa, dominar el mundo) no merecen la pena, y tomarían conciencia de lo importante que es disfrutar el momento. Como ven, algo tan difícil de lograr como volar o lanzar rayos por los ojos.

 En fin, de todas formas soy optimista y creo que los escritores de series van a ir explorando nuevas posibilidades en el futuro cercano. Y, en el pasado, ha habido algún adelantado en cuestión de superpoderes creativos que merece la pena mencionar. Citaré, como ejemplo de ello, las que yo creo son las dos mejores líneas de diálogo de toda la serie de superhéroes Marvel/DC, en La Liga de la Justicia. 

 Barry Allen/The Flash: “¿Cuál es tu superpoder?“. 

Bruce Wayne/Batman: “Soy rico“. 

 Buenísimo, oyes. 

 

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