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Días más sosos que unas carillas sin sal

Por Víctor F Correas , 27 octubre, 2015

Juro que lo he intentado, que le he dado vueltas, he leído e investigado intentando sacarle algo de punta a este insípido veintisiete de octubre. Y lo es, hay que reconocerlo; peor que una plato sin una pizca de sal.

De esos días que pasan a la historia porque sí, con sus cosillas y tal, pero que tampoco obligaron al mundo a contener el aliento. Cosillas livianas, casi anecdóticas. Nada de acontecimientos memorables ni fechas que recordar salvo en lugares puntuales donde, si leen estas líneas, se acordarán de mí y de mis ancestros. ”¡Pues te podía haber tocado a ti!”, gritarán sin misericordia alguna. Que tienen toda la razón los que lo griten, lo reconozco, pero hay días y días.

Y si no, decidme si tengo o no razón. Porque lo más reseñable de este veintisiete de octubre se puede resumir en veinte líneas, si acaso. A la de tres: una, dos… Y tres:

  • Turkmenistán se convirtió en la penúltima república soviética en abandonar lo que ya era un cadáver llamado URSS hace hoy veinticuatro años. Un mes y medio después pediría su inclusión en la recién creada Comunidad de Estados Independientes (CEI) junto a Rusia, Ucrania y Bielorrusia.
  • Hace doscientos ocho años, Napoleón firmó en Fontainebleau un tratado con España por el que se proyectaba la división de Portugal y Brasil en tres partes. Ahí quedó la cosa.
  • Mediante el ‘Tratado Pinckney’ –también llamado de ‘San Lorenzo de El Escorial’-, España cedió a EE.UU hace doscientos veinte años los fuertes y puertos en la orilla oriental del Mississippi, además de reconocerle el derecho a navegar libremente por dicho río y almacenar mercancías en Nueva Orleáns.
  • Carlos I de España y V de Alemania concedió a la población mexicana de Cholula el título de ciudad tal que hoy hace cuatrocientos ocho años.
  • Las crónicas cuentan que hoy hace setecientos cuarenta años se fundó la ciudad de Ámsterdam donde antes existía un pueblecito de pacíficos pescadores.
  • El volcán Pichincha pegaba un petardazo del copón y devastaba buena parte de Quito, ciudad en la que causó graves daños económicos.

Y me han sobrado dos líneas. ¿Es o no es soso?

Menos mal que en lo de nacimientos y muertes se puede resarcir uno. En la categoría de los primeros, tal que hoy hace ciento un años, vino a este valle de lágrimas el poeta y escritor Dylan Thomas, que se bebió la vida y algo más. Caos y excesos marcaron su existencia, los que le llevaron a la tumba y también a la eternidad.

Y muertes, tres a reseñar: la del expresidente de Argentina Néstor Kirchner hace cinco años en El Calafate. Y vi pasar su ambulancia –lo juro. Es cierto- por delante del autocar en el que viajaba camino de un hospital donde sólo pudieron certificar su muerte; la de Lope de Aguirre, al que dos de sus soldados, hartos de sus desmanes y crueldad en su loco peregrinar por la cuenca del Amazonas, despacharon sin remilgos hoy hace cuatrocientos cincuenta y cuatro años; y la de Miguel Servet, al que hace cuatrocientos sesenta y dos años quemaron en la hoguera junto a sus obras. Calvino le puso a caer de un burro, despellejó a conciencia y empujó a las llamas. Una joya.

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