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“El extraño”. Un viaje al centro del horror.

Por Emilio Calle , 20 noviembre, 2016

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Es de suponer que los que conozcan su anterior obra “The Yellow Sea”, la sola mención de Na Hong-jin haga que su curiosidad se abalance sobre cualquier noticia de quien llevaba seis años sin estrenar. Por suerte, el director y guionista coreano vuelve a la gran pantalla para ofrecernos otra película aún más extraordinaria si cabe.
Alejada de la gramática visual empleada en sus dos otras obras, “El extraño” se acoge a cierto clasicismo narrativo. Lo cual no deja de ser muy arriesgado (y todo en esta película lo es) porque el relato es, sobre todo a medida que uno se va extraviando en él, cualquier cosa menos clásico. Ni siquiera el argumento permite sospechar lo lejos que llegará Na Hong-jin en el desolador tramo final, tan enigmático y oscuro que ni siquiera se puede reducir a un maldito “spoiler”.
Y la historia es solo una mecha que arranca cuando en un remoto pueblo comienzan a sucederse unas extrañas y brutales muertes que no logran encajar en ninguna explicación racional. Parece que nos hallamos en los umbrales de un “thriller” de psicópatas (narrado, eso sí, con exquisitas pinceladas de un humor, de lo más negro a lo más costumbrista, que recorrerá todo el armazón hasta que el desasosiego creado magistralmente lo anule por completo en el complejo tramo del brutal desenlace), pero no tardan en aparecer elementos sobrenaturales, y entonces puede que parezca una película de terror (que lo es), con toques propios del “gore”, y así será secuencia por secuencia. Na Hong-jin tiene tal dominio del oficio, y su escritura es tan compleja y rica, que puede ir saltando de género en género con astucia y solvencia. Acompañando casi siempre al policía protagonista, un extraordinario Kwak Do Won, primero investigado, luego parte fundamental de lo que está sucediendo, iremos recorriendo los secretos de ese lugar tan apacible en apariencia pero que tras la llegada de un extraño terminará convertido en un escenario de horror y culpa. Es enormemente delicado manejar la imprevisibilidad como eje sobre el que vertebrar toda una película (y esta, para variar, ronda las dos horas y media de duración). Pero Na Hong-jin sorprende una y otra vez, desde la sutileza o desde el exceso, no dejando que el espectador se acomode demasiado tiempo antes de ofrecer un nuevo requiebro. Y para cuando ya uno no sepa si el extraño es el recién llegado, o lo son todos los demás, el film se abre en canal para revelar que toda su fuerza interior no estaba señalando a fantasmas, diablos o espíritus, o por reducirlo aun más, a nada sobrenatural.
Sólo nos estaba apuntando a nosotros.
Con tan sólo tres películas, y el amparo de los festivales de cine, Na Hong-jin se vuelve a confirmar como un director y guionista de portentoso talento.
Una película magistral.


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