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Alba Reche explora la artesanía de la Commedia dell’arte en la delicada “Mejor mañana”

Por Mariano Velasco Escudero , 8 julio, 2026

Alba Reche (fotografía: Tiembla Estudio)

En la última entrevista que le hice a Alba Reche, va ya para tres años, se me ocurrió comentarle que en un futuro la veía como a una artista multidisciplinar, algo así como lo que en su día representó el maestro Luis Eduardo Aute, quien mezclaba poesía, pintura y música en sus siempre sugerentes creaciones. Me confirmó que ella también se veía así en el futuro. Bien, pues creo que ese futuro ya está aquí, es hoy, aunque se nos presente camuflado bajo el título de Mejor mañana.

Si esta su nueva canción, adelanto de su próximo trabajo de estudio, ya es de por sí de una delicadeza extrema, el videoclip que la acompaña, dirigido por la propia Alba Reche y producido por Tiembla Estudio, es un puro alarde de imaginación y creatividad. En una clara apuesta por lo analógico, lo simbólico, la creación artesanal y los detalles sumamente cuidados, la estética del videoclip de Mejor mañana se sumerge de lleno – o a uno así se le antoja, por lo menos –  en el universo creativo de la Commedia dell’arte, aquel género teatral nacido en la Italia renacentista que desde la Venecia del XVI se extendió a toda Europa para acabar conectando con una estética carnavalesca y cabaretera tan atractiva como sugerente en siglos posteriores.

Alba Reche (fotografía: Tiembla Estudio)

Y es que cuando se trata de encubrir y contener emociones (“¿por qué hacer como si nada?”) no hay como recurrir al recurso teatral del disfraz, la máscara y el maquillaje. Así es como Alba nos oculta su verdadero rostro para desdoblarse en personajes que, siguiendo con la analogía propuesta, bien que pueden interpretarse como algunos de aquellos camuflados protagonistas de la comedia de origen italiano en la que los actores, además de trabajar en la psicología del personaje, confeccionaban su propio vestuario y máscaras, convirtiendo el género en un derroche personalísimo de artesanía, mascarada y teatralidad.

Una de las definiciones más acertadas que he leído del concepto de “teatralidad” es aquella que alude a que se trata de “el teatro menos el texto” o, yendo aún más allá, a “la sensualidad del texto”. Así lo define Cristina Moreira en la obra que lleva precisamente por título “La Commedia dell’arte, un teatro de artesanos”, un completo estudio sobre un género teatral en el que todo parece oculto pero a la larga resulta más que evidente, y que explica en gran medida el contenido de este trabajo de Alba Reche que, si de algo va sobrado, además de su excelencia musical y vocal, es de teatralidad.

Alba Reche (fotografía: Tiembla Estudio)

Es un caso muy especial y singular el de Alba Reche. Aunque su personalísima voz posee una increíble facilidad para expresar sentimientos (“la malabarista de las emociones”, escogí como titular para aquella entrevista en la que hablamos de su futuro) la tía parece no querer conformarse con tan brillante habilidad y busca reforzar la apuesta emocional rodeándose de más y más arte. Hágaselo mirar, Alba Reche, porque me temo que estamos ante un preocupante caso de derroche de creatividad, el de esta artista, que no puede ser saludable para nadie. Excepto para quienes tanto la admiramos.

Que Alba Reche domina como nadie el desdoblamiento de personajes y el diálogo entre el «yo» y el «tú» es algo que ya había demostrado en composiciones anteriores,  sin ir más lejos en su reciente No soy tu hombre. Aquí, con dos partes bien diferenciadas por los  personajes que las protagonizan así como por el paso del rojo intenso al blanco y negro, la fantasía producida por Tiembla Estudio arranca con aire de cine mudo y con el siguiente primer plano, planazo, de labios de expresión contenida pero que lo dicen todo a gritos. Puede parecer contradictorio, pero es que Alba Reche es así, jodidamente emocional. Quienes conozcan su obra lo entenderán mejor, porque sabrán la facilidad que tiene esta mujer para zarandearte el corazón, para expresar la tristeza y la alegría, la contención y la explosión, el derrumbe y la superación, la risa y el llanto, todo al mismo tiempo.

Alba Reche (fotografía: Tiembla Estudio)

Pudiera ser que estemos, para empezar, ante… ¿una enamoradiza Colombina? De tez pálida y blanqueada y coquetamente vestida, el nombre de Colombina alude a la paloma, imagen terrenal de la diosa Venus y del amor puro para griegos y romanos. El dramatismo del intenso rojo de sus labios contrasta con la delicadeza de la piel de porcelana que recuerda a las muñecas de las cajas de música. El personaje de Colombina se define en la Commedia dell’arte por su parecido con las palomas que se arrullan y se besan en pareja sin entregarse nunca por completo (Guerrino Lovato, «Venice masked»), aunque posee múltiples variantes. Aquí, nuestra Alba/Colombina se digna a cantar resignada “te he visto apoyarte en la puerta a pensar qué es lo que pasa al llegar a la conclusión por ti misma”.

Alba Reche (fotografía Instagram @albxreche/Tiembla Estudio

Mucho más evidente es la identidad del segundo personaje de la comedia, un tierno y melancólico pierrot de carácter débil y pusilánime. En la Comedia dell’arte, Pierrot está enamorado de Colombina y sufre en silencio su desamor (ella prefiere la astucia de Arlequín a la fragilidad de Pierrot), ocultando su verdadero estado de desánimo tras el reconocible maquillaje y sus lágrimas negras. En el vídeo, la Alba/Pierrot encuentra refugio a su tristeza en los artesanales instrumentos musicales que toca mientras canta, tan resignada o más que aquella, “me he visto lograr aceptarlo, pensar que si me adelanto es igual, mi mirada no cambia tus actos”.

El redondo y precioso estribillo de la canción le viene al pelo a ambos personajes, y es la expresión más evidente del estallido de la tensión contenida que se recrea en la dramática escena. Ahora sí, ¡fuera máscaras!: “te has portado como lo esperaba, ¿dónde están todas las ganas de pasar la vida conmigo?” «Las putas ganas” debería decir, pero la omnipresente contención es lo que se lo impide. La estrofa se cierra con una nueva versión, infinitamente más resignada, de aquel “ahora que tiendes a pasar sin mirar te recuerdo que dormías en mi cama” de La Culpa, una de las mejores canciones del repertorio de Alba, que ahora se dulcifica enmascarando el reproche: “puedes no decir palabra, mirarme y esquivar mi cara, de verdad que no pasa nada”.

Con preciosísimos arreglos de piano y cuerda, la melodía parece querer ralentizar el tiempo para detenerse en un instante fácilmente reconocible, el momento en el cual inevitablemente sucede lo que sucede, por mucho que Pierrot se quiera ir a dormir y esperar que cambie la noche, que no va a cambiar. Aun así, tras el teatral disimulo de disfraces, máscaras y maquillajes, todavía sobrevuela la escena ese frágil y débilmente esperanzador “quizá mejor mañana”.

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