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La última conversación completa

Por Raquel Ortiz Bolfán , 1 agosto, 2026

 

Hace unos días intenté recordar cuál había sido la última conversación que mantuve sin mirar el móvil ni una sola vez. No estoy hablando de una conversación importante, ni de reuniones ni de llamadas de trabajo, sino de una de esas conversaciones que empiezan sin un tema en concreto y terminan una hora después sin que puedas entender cómo habéis llegado hasta ese punto.

¿Sabéis cuál fue la sorpresa? Que no lo RECORDABA. Y esa falta de recuerdo me hizo pensar en muchas cosas. Entre ellas, que no hemos perdido la capacidad de hablar, sino la de permanecer en una conversación.

Vivimos rodeados de interrupciones que hemos acabado adoptando y normalizando. El teléfono vibra, aparecen notificaciones, alguien consulta un mensaje diciéndote “es solo un segundo” y la conversación continúa como si no se hubiera producido esa pausa.

Lamentablemente, ocurre más de lo que pensamos. Cada parada rompe un hilo invisible: el momento en que una persona estaba a punto de contarte algo profundo, una anécdota, una preocupación o un simple recuerdo que necesitaba compartir contigo. No solemos darnos cuenta de todo esto porque las conversaciones no se pierden de golpe, sino que se van deteriorando lentamente.

Otro hábito que hemos extendido es el empezar a responder antes de escuchar. Mientras la otra persona está hablando, ya estamos preparando nuestra respuesta. Tenemos la necesidad de aconsejar, de contar una experiencia similar, cuando quizá lo único que hacía falta era seguir escuchando un poco más.

Parece mentida: nunca habíamos tenido tantas formas de comunicarnos, y sin embargo, cada día resulta más difícil encontrar conversaciones que no compitan con las redes sociales.

No se trata de censurar la tecnología; al contrario, es una herramienta maravillosa. Pero debemos aprender a utilizarla con sentido común y con pensamiento crítico. Gracias a ella podemos hacer hoy muchas cosas que antaño eran imposibles. La cuestión, sin embargo, es otra.

¿Podemos reservar espacios donde nada nos interrumpa?

Las conversaciones deben tener su tiempo. Necesitan silencios y pausas incómodas. Necesitan miradas cómplices, risas, conexiones y, sobre todo, emociones.

Es curioso: recordamos conversaciones de hace mucho tiempo y, en cambio, apenas recordamos los mensajes intercambiados ayer. ¿Os habéis dado cuenta?

Las conversaciones construyen vínculos, resuelven momentos que se quedan entre nosotros y esa diferencia, aunque no lo parezca, cambia la forma en la que nos relacionamos.

Tal vez el verdadero lujo de nuestro tiempo no sea viajar más, trabajar menos o desconectar durante unas vacaciones. Tal vez el verdadero lujo sea encontrar a alguien con quien podamos hablar una hora seguida sin sentir la necesidad de mirar una pantalla. Porque en ese momento, decidimos que la persona que tenemos delante merece toda nuestra atención.

Recordad: quizá esa sea la última conversación completa que aún estemos a tiempo de mantener.

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