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Golpe de estado

Por José Luis Muñoz , 29 abril, 2024

Diego de Schouwer, asesor del PP en el Senado, colgó un tuit esclarecedor que recoge el diario Público: “Se confirma que Begoña Gómez es la tecla que había que presionar”. Cuando la derecha nada democrática de este país llega a estos extremos, la vida política se hace insostenible y el ambiente social irrespirable.

España y Europa están pendientes de la decisión que pueda tomar Pedro Sánchez víctima de una maniobra golpista orquestada por la derecha y la extrema derecha que no admiten no gobernar el país. España es suya, sencillamente, y cuando una coalición progresista consigue formar gobierno, la consideran okupa. La patria es patrimonio de la derecha.

La operación contra Pedro Sánchez, para derribarlo, se gestó desde el momento en que el socialista desalojó del gobierno mediante una moción de censura a M. Rajoy. Desde ese preciso instante, medios de comunicación absolutamente deleznables que expandieron una serie de bulos, jueces sospechosos que admitían a trámite querellas sin sentido y políticos que daban una y otra vez la matraca en el parlamento y fuera de él, sincronizados, consiguieron deshumanizar a Pedro Sánchez, que se le llamara Perro Sánchez, amigo de terroristas, traidor, okupa, linchada su marioneta ante la sede del partido en Madrid y ser tachado por la pareja deslenguada de un delincuente confeso como hijo de puta sin que pasara nada. Como eso no era suficiente, pues se fue a por su mujer con una querella de vergüenza ajena que un juez ha admitido a trámite contra todo sentido común basándose en noticias falsas.

Hay diversos precedentes acerca de las maniobras golpistas de esa derecha española que no está homologada con la europea sencillamente porque proviene del régimen franquista. Lo hicieron con el vicepresidente Pablo Iglesias, con el acoso continuado a su vivienda, a su familia, una serie de bulos en redes sociales sobre su vida privada, un sinfín de querellas que no se sustentaron, pero si se admitieron a trámite para generar titulares en los medios de comunicación, con el apoyo de jueces de dudosa honestidad y un periodismo basura que se hizo eco de un sinfín de patrañas, hasta que provocaron su renuncia por hartazgo. A ese precio personal no valía la pena seguir en el gobierno. El siguiente paso era ir a por Sánchez.

Para la derecha y los poderes fácticos de este país Pedro Sánchez es un personaje dañino y peligroso. ¿Qué es eso de subir el salario mínimo? ¿Qué es eso de subir las pensiones? ¿Qué es eso de reducir el horario laboral? ¿Qué es eso de beneficiar a las clases más necesitadas del país con una serie de medidas sociales que las salvaron durante la pandemia?

Pero la derecha y la extrema derecha de este país tiene un aliado extraordinario: buena parte de la población, la beneficiada por las políticas sociales de este gobierno progresista, que vota precisamente a los que les van a perjudicar, recortar todos sus derechos sociales si gobiernan agitando espantajos como el terrorismo etarra que ya no existe y la catalanofobia en la que colabora de forma muy eficaz Carles Puigdemont tensando la cuerda.

Pedro Sánchez debe resistir, por él, a nivel personal, porque sino sería admitir que lo han derrotado con esa sarta de falsedades y crearía un peligroso precedente, y por el bien del país, para que este gobierno progresista siga implementando medidas sociales, pero desde este momento no hay que dejar pasar ni una al bloque golpista de la derecha: renovar de una vez por todas el CGPJ, llevar ante los tribunales a los jueces prevaricadores, cerrar los falsos medios que expanden una y otra vez las calumnias infamantes y movilizaciones en las calles para detener a esa derecha que no acepta el resultado de las urnas y socava los principios de la democracia.

Los golpes de estado modernos ya no se dan con tanques sino con fakes news, periodistas basura, políticos sin escrúpulos y jueces de dudosa moralidad. Pedro Sánchez, antes de escribir su carta a la ciudadanía en la que se daba unos días de reflexión sobre su futuro político, dijo que, a pesar de todo, creía en la justicia de este país. Yo, y pienso que no estoy solo, no creo en unos jueces cuyas sentencias son sencillamente demenciales y atentan contra todo sentido común y son la última barricada del franquismo que sigue vivo después de la muerte del dictador.

 

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