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Feijóo abducido por Ayuso

Por José Luis Muñoz , 14 noviembre, 2022

No sé quien confiaba (yo mismo, lo confieso) que el exlider del PP de Galicia desembarcado en Madrid después del golpe de estado de Ayuso contra Pablo Casado y sus adláteres, sería más dialogante y moderado que el delfín defenestrado de Aznar, apuñalado por los suyos en uno de los linchamientos más crueles que se recuerdan porque osó cuestionar la moralidad política de la lideresa madrileña. Craso error el mío y el de muchos. Feijóo ha sido devorado por completo por esa especie de mantis religiosa ojoplática que es el fenómeno Ayuso que cualquier día de estos declarará la independencia de esa Madrid cervecera de terracitas con la que se identifica.

La semana de ese icono popular lenguaraz e impertinente, aprovechando que su supuesto jefe estaba al otro lado del charco, a mil leguas de distancia, no ha podido ser más intensa, encadenando barbaridad tras barbaridad con cuatro objetivos básicos y asesorada por MAR, el siniestro Miguel Ángel Rodríguez, el ventrílocuo a la sombra de la lideresa: 1/ desviar la atención del sistema sanitario madrileño, sencillamente catastrófico y al borde del colapso que merecería un 155; 2/ cargar contra Pedro Sánchez, porque ella se cree así que le está doblando el pulso y es la única que le está haciendo una oposición verdadera; 3/ mover la silla a Feijóo, que debe de andar descolocado, maldiciendo la mala idea que tuvo de abandonar su tranquilo feudo gallego y espera que alguien de su entorno le compre un manual de cómo manejar a Ayuso (no lo hay); 4/ copar titulares en los medios, algo que viene haciendo desde que es presidenta de la Comunidad de Madrid, porque no hay día que no se hable de ella. Y yo caigo en su trampa y hablo de ella.

En una entrevista con Ana Rosa Quintana, una de las más preclaras reinas de la telebasura nacional, lo que ya tiene mérito porque la competencia es muy dura, Isabel Díaz Ayuso, IDA, no tuvo empacho en afirmar que el gobierno socialcomunista de España planeaba encarcelar a la oposición (fue moderada: pudo haber dicho que los iba a fusilar), derogar la monarquía, proclamar la república (ya quisiéramos) y que España era Nicaragua, y como estamos en Nicaragua podía hacer esas afirmaciones en un medio televisivo sin que tuviera consecuencias: Ayuso sigue libre y diciendo barbaridades, retorciendo el concepto de libertad de expresión que, para ella, consiste en decir lo que le dé la gana aunque todo sea una burda mentira.

Al día siguiente, puso en práctica ese extraordinario sistema de atención médica mediante plasma (me recordó a las comparecencias por plasma de Mariano Rajoy), que ella dice que es el colmo de la modernidad, contra el parecer de toda la profesión médica que se ha echado las manos a la cabeza y también a la calle. No encuentro personal sanitario al que contratar, se quejó, compungida. Claro, se fueron todos, después de haber sido despedidos por usted, al extranjero o a otras comunidades. Echa pecho, eso si, de abrir todas las urgencias, sin personal, a costa de cerrar centros de los alrededores de Madrid. Y encima afirma, sin rubor, que es la izquierda bolchevique la que está detrás de todas estas protestas y la que quiere laminar la sanidad pública. Para ella las batas blancas deberían ser rojas.

Como no hay dos sin tres, a la tercera negó el cambio climático, diciendo que siempre los había habido en el mundo, se remontó a la época de los dinosaurios, y que ese alarmismo injustificado estaba alimentado por los comunistas (que habrían asesinado a esas más de cuatro mil personas que han muerto este año en España por la ola de calor), porque la señora Ayuso ve comunistas por todas partes, mira cada mañana debajo de su cama por si encuentra alguno. Aquí han sido los científicos los que se han echado las manos a la cabeza por semejante despropósito.

Está creando la presidente independentista de Madrid un género propio que podríamos bautizar como ayusadas, no confundir con payasadas, y lo cierto es que estoy esperando excitado que acabe el fin de semana y llegue el lunes para ver con qué nos regala esta mujer que es alumna aventajada de Esperanza Aguirre y de José María Aznar, que podría darse la mano perfectamente con Donald Trump y Bolsonaro, caballo de Troya de VOX en el PP que está preparando la caída de su jefe para postularse como presidenciable, y lo más triste es que saldría si se presentara porque a una gran parte de la población, como ocurre en Estados Unidos con Donald Trump, le gusta este estilo directo, bronco, simple, cínico, impertinente y totalmente amoral que esgrime con absoluto desparpajo Isabel Díaz Ayuso. ¿Qué dirá Ayuso la semana que viene? ¿Qué la tierra es plana?

Donald Trump, en las últimas elecciones (ya saben, las que perdió por ese fraude electoral e intentó revertir con ese asalto al Capitolio digno de una ópera bufa sino hubiera costado cuatro vidas), dijo un día una verdad incuestionable: “Puedo bajar ahora a la Quinta Avenida y disparar contra alguien, y la gente me seguirá votando”. Eso piensa Ayuso, que podría envenenar a su suegra, si la tuviera, y los madrileños la seguirían votando y riéndole todas las barbaridades. Este icono popular de Madrid, que se pasea en olor de multitud como una chulapa, es un fenómeno sociológico digno de estudio. Felicidades, MAR: Ayuso es tu obra maestra.

 

 

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