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Navalny y otros crímenes de estado

Por José Luis Muñoz , 20 febrero, 2024

Se venía venir cuando tomó la temeraria decisión de regresar a Rusia. Se confirmó cuando lo trasladaron a esa prisión llamada Lobo Polar en el Ártico. Navalny se había metido directamente en la boca del lobo Putin y se atrevía a carcajearse de él por sus calzoncillos impregnados de Novichok, que estuvieron a un paso de llevarlo a la muerte, en sus propias fauces. De Putin nadie se ríe. Navalny era un narcisista extremo que jugó con fuego y se quemó. Rusia está gobernada por un mafioso que tiene a sus órdenes toda una banda de sicarios que matan en Londres o en España, hoy mismo, a ese desertor del ejército. Polonio o Novichok, o tiros por la espalda. Oponerse a Putin es jugar a la ruleta rusa con la muerte. Y el zar aguanta como aguantó Stalin por el imperio del terror. Periodistas y opositores son el blanco principal de ese cinturón negro de judo que, de dejar el poder, podría engrosar la lista de villanos de las películas de 007 y él estaría encantado de representar su propio papel con muertes reales.

Mientras el cadáver de Navalny es limpiado de todas las sustancias tóxicas con las que fue envenenado, se dirime en Londres la extradición de Julian Assange a Estados Unidos en donde se enfrenta a 170 años de prisión, es decir, a la muerte en vida. El hacker australiano ya ha dicho que se suicidará si Londres lo extradita. Lo extraño es que siga vivo después de su encierro forzoso en la embajada de Ecuador y su encarcelamiento posterior. El crimen de Assange es haber revelado asesinatos y torturas de Estados Unidos en las guerras de Afganistán e Irak. Los asesinos salen de rositas y él pringa con su libertad y posiblemente su vida. No son muy distintos los métodos del FSB, el sucesor del KGB, de los de la CIA. El FSB ha sido objeto de choteo por parte de Navalny a costa de sus calzoncillos envenenados, y la CIA estuvo durante años utilizando métodos de Mortadelo y Filemón para acabar con Castro, incluido uno que lo dejaría sin su característica barba y otro con piernas de mujer, porque el dirigente cubano no solo se pasaba el día hablando por los codos sin parar.

Estamos acostumbrados a que nuestros gobernantes asesinen, lo hemos asimilado y aceptado como que suban los precios: es lo que toca. En realidad el mundo funciona como una sociedad mafiosa planetaria en donde unos caen en desgracia, por débiles, y son eliminados sin miramientos como hacía Al Capone / Robert de Niro en esa terrible escena de Los intocables descalabrando con un bate de béisbol a quien le hacía sombra. Nicolas Sarkozy liquidó a Gaddafi para no pagarle la deuda contraída por sufragar su campaña electoral (los hay desagradecidos) y dejó un país ingobernable y el panarabismo descabezado, de paso. A Sadam Hussein lo colgaron rápido, tras arrasar su país, no fuera a confesar que las armas de destrucción masiva, vendidas por los que le invadieron, se las había gastado todas con los kurdos. Aquí, en nuestro suelo, una tal X montó un tinglado formado por policías, guardiaciviles y mafiosos llamado GAL para ajustar cuentas con ETA. Los servicios secretos franceses hundieron el Rainbow Warrior de Greenpeace y mataron a uno de los activistas. Los asesinatos cometidos por el Mossad israelí en el mundo se cuentan por centenares, y, por cierto, entre ellos Yasser Arafat en cuyas ropas se encontraron elevadas dosis de polonio, lo que demuestra que Putin no es tan original.

En las relaciones internacionales impera sencillamente la ley de la selva, ni más ni menos, por mucho invento de la ONU que las potencias interesadas bloquean constantemente y es un organismo sencillamente inoperante. Los narcos mexicanos asesinan porque pueden; los hutus asesinaron a los tutsis de Ruanda porque pudieron; las maras aterrorizaron Centroamérica porque pudieron; Milosevic asesinó a los bosnios mientras pudo; Estados Unidos organizó un sinfín de golpes de estados en América Latina y destrozó Oriente Medio de cabo a rabo porque pudo; China se quedó con Tibet porque pudo; Rusia invade Ucrania porque puede; Netanyahu extermina a la población de Gaza porque puede, y así sucesivamente.

Ese es el orden mundial,

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