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De camellos y agujas

Por José Luis Muñoz , 12 junio, 2026

Si se cumplen las palabras de Jesucristo, hay unos cuantos tipos que no veremos en el cielo sino seguramente en el infierno, si existe. Soñemos. Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. Y es que últimamente la izquierda anda muy ligada al Vaticano con la visita del papa León XIV que parece haber programado su periplo por Madrid (hortera y discotequero), Barcelona (imaginativo y bello) y Canarias (emotivo y sencillo) para echar una mano al gobierno progresista de Pedro Sánchez, últimamente muy tocado por el ataque trumpista a su fiel alfil José Luis Rodríguez Zapatero, sin duda el golpe de efecto más demoledor para los muchos admiradores que tenía el político de la ceja. Se nos cae un mito entre joyas valoradas en un millón trescientos mil euros. Y también podría caerse, si se me permite, el director de RTVE que ha convertido el ente durante esta semana de fervor religioso en Radio Televisión Vaticana. Mal anda cierta izquierda cuando uno de sus referentes es el Papa de Roma y el otro los ayatolás de Irán que hacen frente al imperialismo.

Pero quería hablar de ricos, de superricos, de los obscenamente ricos. Según una revista financiera muy solvente Elon Musk, ese tipo que salió de la Sudáfrica de los boérs para liderar el mundo y tuvo una lucha de egos con Donald Trump, gana al segundo 2800 dólares. En lo que usted lleva leyendo esto, literalmente se ha forrado y cuando haya terminado habrá ganado lo que usted en toda su vida trabajando. La fortuna de este sujeto que hizo el saludo nazi no por casualidad, el primer trillonario de la historia de la humanidad, es tan gigantesca que podría comprar el mundo entero y quizá ya lo haya hecho. Si Donald Trump es el papanatas que ocupa la Casa Blanca y la caga cada vez que mueve una pieza en el tablero del mundo, Elon Musk nació para forrarse y seguramente será de los que lleguen a los 120 años sin ningún problema, hasta se convierta en eterno, y se vaya a vivir a Marte cuando la tierra explote.

Riámonos de nuestros corruptos cutres que se venden por cuatro chavos y encima lo hacen tan mal que les descubren más pronto que tarde. Elon Musk puede comprar, y me temo que ya lo haya hecho, a toda la clase política europea, además de a la de su país de adopción, Estados Unidos, y toda Latinoamérica cuyas piezas de ajedrez se decantan una tras otra hacia la derecha. El trillonario emborrachado con los ceros, y sus vasallos tecnológicos que no le llegan a la suela de los zapatos, mueve los hilos del mundo y sencillamente ha dinamitado la democracia  y, por esa razón, vemos a tantos idiotas acríticos seducidos por su lenguaje binario. Desde sus miles de plataformas digitales se expande el bulo sistemático y el odio con el que se condicionan las elecciones y se justifican las atrocidades que se cometen en los escenarios bélicos. La última hazaña de este sudafricano blanco hijo del apartheid, es haber alentado esa noche de los cuchillos largos que se ha desatado contra los migrantes de color en Belfast. La única esperanza que tenemos es que, según Jesucristo, ese profeta medio hippie y medio comunista que pregonaba la empatía  y el buenismo y todos sabemos cómo terminó, Elon Musk y los de su ralea jamás entrarán en el reino de los cielos. Pero alcanzarán la eternidad en la tierra.

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